Workaholic
Vengo llegando del doctor. Padecimiento: Colitis por estrés. Pues ¿qué quieren? ¿Qué me relaje y no haga nada? ¡Jamás! Yo soy una mujer muy ocupada. Trabajo mucho y tengo a mi cargo bastante gente y responsabilidades. Me ha costado un enorme trabajo, sudor y lágrimas llegar hasta donde estoy y no pienso darme por vencida. Llevo tres años sin tomar vacaciones, a cambio pido que me lo intercambien por dinero en mi cuenta bancaria. Nunca me sentí bien sin hacer nada. O mejor dicho, sin hacer algo. En la escuela recuerdo que siempre entregaba todas mis tareas, hacía además las opcionales, y siempre estaba inscrita en los talleres y actividades extra académicas, iba a todas las asesorías con los maestros, aunque ellos me decían que no era necesario que fuera porque no las necesitaba. Y se quejaban de los que realmente las necesitaban y no acudían.
Cuando llegaba el verano, me inscribían a todas las clases posibles, teatro, ballet, piano, campamentos de verano, para estar ocupada desde las ocho de la mañana hasta las ocho de la noche y eso que eran periodo de descanso. Además, aprovechaba para tomar cursos de regularización y no perder la inercia al regresar nuevamente a clases.
De adulta, continué con ese mismo tren. No me gusta estar en la cama una vez despierta. A las seis de la mañana, ya voy llegando al gym, dos horas efectivas de entrenamiento. Desayuno y directo a la oficina, llegar revisar pendientes, juntas semanales y de objetivos, no hay tiempo para comer, la llevo en recipientes de plástico, y como enfrente de la computadora.
Soy la primera en llegar y la última en irme. En mi auto voy escuchando podcast de autoayuda y superación para auxiliarme en alcanzar mis objetivos. Quiero un aumento salarial y voy por él. Ya pagué la versión premium del curso para ser mucho más efectiva y productiva.
Me compré el manos libres para contestar todas las llamadas de los jefes y de los clientes así como la de mis subordinados, cuando voy al volante. Los mensajes de audio los escucho en la versión acelerada porque no tengo tiempo que perder.
Y una conocida me dice que nunca descanso, y pues no, la verdad me sentiría culpable si llegara a descansar. No puedo no hacer nada, no me es posible, ¡Impensable!
Me comenta que hay formas de descanso más prestigiosas que otras, que no siempre tiene que servir para algo en específico. ¿Qué? ¿De qué me habla? Todo en esta vida debe y tiene que servir para algo. Si llego a tener tiempo “libre” y así lo coloco, entre comillas, ya que siempre lo aprovecho para ponerme a hacer algo, lo uso en actividades como un curso adicional para superarme, u optimizar mi rutina semanal, o ponerme a limpiar mientras escucho un podcast, de pago, obviamente.
Y ella me argumenta que hoy hemos llegado a la mercantilización del descanso, esa necesidad que nos han inventado respecto a que, para descansar tenemos a fuerza que sentirnos útiles o en su caso, consumir: Ir a tomar un café el una cafetería de cadena internacional donde te venden el café trescientos por ciento más caro que si lo prepararas en tu casa; tomar vacaciones en un prestigioso hotel de cadena internacional, donde ya todo está incluido y no tienes que salir de las instalaciones para nada, ¡para nada!; salir a pasear, pero a los centros comerciales donde los bombardeos de imágenes me invitan u obligan a comprar, a consumir. Pues sí, así lo dicta el sistema capitalista en el que estamos inmersos. Y el que no le guste pues ni modo.
Me enseñaron que, o consumes o produces, si no estoy trabajando, necesito sentirme útil, y si a eso le llaman comercialización del tiempo libre, pues si ¿y?
Es mi vida y la vivo como quiero. Todo lo que he logrado lo hice trabajando, hasta en mis días de descanso. Tengo que alcanzar todos mis objetivos. La flojera es la hermana de la miseria. Trabajo hasta en mis días de descanso. No sé descansar, me lleno de ansiedad, el descanso es malo.

