Yo, la Peor

Views: 1075

En el umbral de los tiempos 

existe un Parnaso insigne

de las memorias olvidado,

es el reino de la palabra valiente,

de la clara determinación

entre el juicio y la fidelidad.

Es la Poesía de las mujeres

jamás tipificada como otra,

un sortilegio de encomiendas

que nadie integró a la gloria.

Ahí respiran y escriben,

Sor Juana Inés, la monja profeta

enseña en los linderos del pecado

con el discernimiento total

del universo  bajo el hábito.

Ella, Castellanos, eterna, 

luminosa en su teoría del femenino

como si hubiera amor interminable

para los adioses asesinos. 

Laura Méndez, de Cuenca vasta

y abundante su poema oculto

de amor avergonzado, pero aún 

más fuerte y poderoso que aquél

apócrifo Nocturno a una Rosario.

Dolores Castro escondida en

la provinciana renuncia de los 

éxitos oficiales, educa ninfas

y poetisas para mejores mañanas,

eliminando dolencias del viento

para perdurar con la voz clara.

Pita, del Amor ya sentenciada, 

con las manchas y la eternidad

sobre el vestido, abandona su casa. 

Coral Bracho,  la diosa inaccesible

guarda una luciérnaga bajo la 

lingüística lengua de la piel 

de amorosa sustancia. 

Amparo Dávila, polícroma y

atemporal, sueña que sueña.

Cada una, planetas de galaxias

insospechadas y en mi mundanal

terral, las he escuchado aunque sorda:

Thelma, Blanca, Irma, Guadalupe, Rosa,

Obdulia, Erika, Laura, Diana, Alma, Isabel,

 Olimpia, Isolda, Martha, angelicales consuelos 

del mar o  madres o vertiginosas amantes, 

palomas azules de plumas sedosas.

Las he leído crecerse y arroparse

entre los brazos de sus historias,

resistiéndose a decir, eternamente

Yo, la peor del mundo, la peor de todas.