Buscó sanar a su hijo en “Uno más” de Santiago Tianguistenco, pero murió
Por Fátima Chávez
Detrás de cada cifra sobre las adicciones hay rostros, nombres e historias quebradas que buscan un espacio donde sanar. Para la señora María Eugenia, la decisión de buscar ayuda para su hijo Aarón no fue fácil, pero nació del amor desesperado de una madre que confiaba en que aún era posible reconstruir su vida.
Depositó su fe y la vida de su hijo en el centro de restauración cristiana “Uno Más”, ubicado en la comunidad de El Mirasol, en Santiago Tianguistenco, con la esperanza de verlo volver fortalecido. Sin embargo, en lugar del abrazo de regreso, hoy se enfrenta al vacío devastador e inexplicable de su partida.
El dolor de María Eugenia trasciende el luto individual y se convierte en el eco de una exigencia profunda por conocer la verdad. En municipios como Santiago Tianguistenco, Almoloya del Río, Santa Cruz Atizapán, decenas de familias acuden a este tipo de establecimientos movidas por la fe y el agotamiento, entregando a sus seres queridos a lugares donde esperan encontrar un refugio seguro.
La triste realidad es que la fe y las buenas intenciones, por sí solas, no bastan para proteger la salud e integridad de una persona vulnerable, cuando no existen protocolos médicos, supervisión profesional y condiciones verdaderamente dignas, el auxilio prometido puede transformarse en una dolorosa trampa.
Resulta profundamente preocupante que bajo el amparo de la fe o el discurso de la rehabilitación se puedan tolerar dinámicas de negligencia o maltrato. Ninguna creencia ni institución debe servir como escudo para ignorar los derechos humanos básicos o poner en riesgo la vida de quienes ingresan buscando una oportunidad para renacer.
Quienes atraviesan el oscuro camino de una adicción no necesitan castigos ni improvisación; merecen cuidados profesionales, respeto absoluto a su dignidad y espacios seguros donde la curación sea una posibilidad real.
Hoy la familia de Aarón sigue esperando respuestas que no llegan. Por ello, es imperioso que la Fiscalía General de Justicia del Estado de México (FGJEM) y las autoridades correspondientes realicen una investigación transparente, seria y exhaustiva sobre las circunstancias de su fallecimiento en el centro “Uno Más”.
De igual manera, las autoridades sanitarias y municipales deben asumir el compromiso de verificar rigurosamente bajo qué condiciones operan estos anexos y casas de restauración en toda la región del Valle de Toluca, para evitar que la negligencia se mantenga oculta tras la puerta de la indiferencia.
La búsqueda de justicia de María Eugenia, necesita del respaldo y la empatía de la ciudadanía, ninguna madre debería tener que exigir respuestas para entender por qué su hijo no regresó a casa, y ninguna persona en vulnerabilidad debería perder la vida en el lugar donde le prometieron salvarla.
Acompañar el reclamo de verdad para Aarón es un acto de humanidad para que la esperanza de sanar nunca vuelva a costar una vida.

