HISTORIA DE CASA 2
Ella le había dicho a su esposo que no hiciera un arreglo en la casa porque iba a ser muchísimo trabajo.
— No, qué va, no es mucho trabajo —le respondió él.
Pero… Sí fue mucho trabajo.
Pasó una hora.
— ¿Estás enojado?
— No.
Pasaron dos horas.
— ¿Estás enojado?
— No.
Pasaron tres horas.
— ¿Estás enojado?
— No.
Ya se había metido el sol y el arreglo seguía sin terminar.
— ¿Seguro que no estás enojado?
— Que no.
— Bueno… entonces voy por la aspiradora.
— ¿Pero no estés enojado?
— ¡No estoy enojado!
— Entonces voy por la aspiradora.
— Eso ya me lo dijiste.
— ¿Qué?
— Que vas por la aspiradora.
— Sí, porque no estás enojado.
— No estoy enojado.
— Pero te ves enojado.
— ¡Que no estoy enojado!
— Bueno… voy por la aspiradora.
— ¡¡¡Estoy desesperado!!!
— Y yo estoy yendo por la aspiradora en silencio.
Cuando ella regresó con la aspiradora, pensó decirle:
— Te lo dije.
Pero se detuvo.
Porque sabía que, si se lo decía, se iba a enojar.
EPÍLOGO
El arreglo lo terminaron juntos un par de semanas después.
Y vivieron felices, aunque no siempre; casi, porque aprendieron a evitar el te lo dije y a apoyarse mutuamente.

