No hay novedad

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Al amor de mis amores: Teresa

Y ahora, me digo yo abriendo tu ropero, mirando tus vestidos;/

Y ¿ahora qué les voy a decir a las rosas que te gustaban tanto,/

 qué le voy a decir a tu cuarto, mamá?

Oscura Palabra

José Carlos Becerra

 

 

Permeada de canciones típicas de la memoria afectiva de la historia de familia, en estos caminos de la vida viene el doce de diciembre por tercera vez y es mentira que todo sigue igual dice la canción de los Cadetes de Linares.

Tu casa, Teresa, desde hace tres años ya no es la misma. Los canarios que con tanta ilusión alimentabas se murieron a pesar de los cuidados de mis hermanos.  Pronto se secaron las plantas por más húmedo recuerdo. Tu ropa, Teresa, la acomodamos a nuestro ser de hijas porque como decías: Si no te la vas a poner, déjamela ahí.  Tus vestidos los he portado honrando tu memoria de gran señora: Madre.

¿Sabes mamá? En la tercia de duelo, han pasado tantas cosas: la familia, los hermanos; los bienes interiores que nos dejas. Desde que te fuiste, cada uno ha dado una lucha única; como Dios nos ha dado a entender.

A partir de tu ida, el camino de resignarse ha sido difícil. Nos entrampa la vida diaria. Figurando una conformidad que el dolor traiciona. Todavía punza el recordarte.

A cien años luz, Teresa, eres esa voz chillona de nuestras mujeres ancestrales que cantas en el alma de los hijos en este primero y dos de noviembre. Siempre serás el cariño verdad del amor de mis amores/ eres mi gran amor, tú eres mi cielo.

 

Doce de diciembre, antesala de tu partida; el trece de hace tres años, en tu casa, entre tus hijas, entre los rezos del manto de la Virgen de Guadalupe te permitió disfrutar de tus entrañas, de su fiesta. Ahí, en tu cama, en tu casa con el rosario entrelazado de rezos y de llanto te fuiste.  Nos dejaste en manos de la santa Madre de los hombres.  Hoy pido ante este mal, Madre tierra, apiadarte de nosotros.